Pese a la decisión del gobierno de Correa, la policía británica impide que el fundador de Wikileaks abandone la embajada ecuatoriana
Desde horas antes de que Ecuador concediera el asilo diplomático a Julian Assange, ya había decenas de personas congregadas frente a la embajada ecuatoriana en Londres. Al gran número de periodistas a la caza de la noticia habría que añadir un importante grupo de activistas críticos con el gobierno británico que mostraban su apoyo al fundador de Wikileaks. Además de algún que otro curioso que pasaba por la zona.
"Julian Assange, freedom fighter!", gritaban unos cuantos manifestantes portando banderas ecuatorianas. "Es increíble que los ingleses estén amenazando para entrar en la embajada", indicaba Clara, una chilena que dejó su país hace más de 30 años, huyendo de la dictadura de Pinochet. A lo que ella se refiere es a la amenaza lanzada ayer por el gobierno británico de entrar en el consulado, donde se encuentra refugiado Assange desde el pasado 19 de junio. "Creo en lo que él hizo. Es muy valiente", remarca Clara, que minutos antes de que se confirmara la noticia ya vaticinaba que le darían el asilo. "Pero no lo pueden sacar", apuntaba.
Y es que a pesar de que el canciller ecuatoriano Ricardo Patiño anunciara en Quito la concesión de "asilo diplomático", las posibilidades de que Assange abandone la embajada ecuatoriana son muy remotas. Decenas de policías custodian los accesos al consulado. Y en caso de que el fundador de Wikileaks ponga un pie fuera del edificio, pasaría a estar en suelo británico y puede ser detenido.
El gobierno del Reino Unido quiere detener a Julian Assange para extraditarlo a Suecia, donde sería juzgado por un delito sexual. "La intromisión británica es una violación de la soberanía para el mundo", gritaba un manifestante a través de un megáfono. Él fue el encargado de anunciar a los activistas la decisión del gobierno ecuatoriano de conceder el asilo. La reacción fueron gritos exultantes y vítores al fundador de Wikileaks y a Rafael Correa. "Es amigo de la libertad de los pueblos", comentaba Betty, del movimiento Micaela Bastidas de Perú, para referirse al presidente del país sudamericano. "Assange es un defensor de los derechos humanos", añadía, al tiempo que criticaba la actuación del gobierno británico.
Ni la lluvia pudo callar a los manifestantes. "El pueblo unido jamás será vencido", "There's only one decision: No extradition", o "Julian, amigo, el pueblo está contigo", eran los gritos más repetidos por los activistas, congregados frente a la embajada ecuatoriana, apenas a unos metros de los lujosos almacenes Harrods. Ellos siguen haciendo presión para que la policía lo deje salir del consulado. Pero el gobierno británico no parece dispuesto a dar su brazo a torcer. Tampoco el periodista australiano. "Aunque hoy es una victoria histórica, nuestra lucha acaba de empezar. La investigación sin precedentes de Estados Unidos contra Wikileaks debe acabar", indicaba Assange en declaraciones a The Guardian. El pulso diplomático entre Ecuador y Reino Unido continúa.







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